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Rondina: «Hoy ponemos en valor que haya empresas argentinas produciendo equipamiento médico o indumentaria de protección y que fábricas dedicadas a otros rubros se reconviertan para hacer frente a la emergencia»

La especialista en gestión estratégica, docente e investigadora Anabella Rondina reflexiona acerca del vínculo entre diseño y producción nacional en un presente atravesado por la sorpresiva pandemia mundial.

Anabella Rondina es diseñadora industrial por la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA) y posgraduada en Gestión Estratégica de Diseño, Gerenciamiento de Diseño y de Proyecto en la misma casa de estudios y en el Politécnico de Milán.

Con una reconocida trayectoria en el ámbito de la gestión y de la formación en diseño, entre 2002 y 2016 fue integrante del Centro Metropolitano de Diseño de Buenos Aires (CMD). En esa institución, que gerenció a partir de 2011, creó el “Programa de incorporación de diseño en empresas” y fue parte del equipo que logró la nominación de Buenos Aires como la primera Ciudad de Diseño de la Unesco.

En el plano académico, Rondina es profesora titular de Diseño Industrial en la FADU-UBA, carrera de la que fue directora durante el período 2016-2018 y cuyo plan de estudios actualizó. Allí también dirige el posgrado en Gestión Estratégica de Diseño, Gerenciamiento de Diseño y de Proyecto y se desempeña como subsecretaria de Planificación Estratégica y de Evaluación Institucional.

Con el objetivo de promover la disciplina y generar oportunidades en distintos puntos territoriales, armó e impulsó la tecnicatura y la licenciatura en Diseño Industrial de la Universidad Nacional de Hurlingham, actualmente dirigidas por ella.

También investigadora y consultora, ha disertado en países de América, Europa, África y Asia, a la vez que participó como jurado en certámenes locales e internacionales y es miembro del Consejo Rector de la Bienal de Diseño de Madrid.

Invitada por Fundación IDA, en esta ocasión participa de la sección “Opinión Experta” para ofrecer su visión sobre el diseño, la producción y los nuevos paradigmas.

–¿Se puede repensar o redefinir el diseño desde la producción? ¿y la producción desde el diseño? ¿puede uno prescindir del otro?

–Para comenzar, no puedo dejar de reflexionar sobre lo particular del momento que estamos viviendo, donde absolutamente todo se está repensando, cuestionando, revalorizando, en definitiva, donde las prioridades se están redefiniendo o poniendo en su lugar.

En este contexto, el diseño y la producción, como yo los entiendo, tienen mucho para aportar. Así como se pone en evidencia la importancia del rol del Estado como máximo ordenador de la crisis en una emergencia sanitaria global, podemos pensar cuál es o debería ser el rol del diseño en vínculo con la producción para el momento presente y la etapa de reconstrucción futura que vendrá.

Cuando pienso en diseño, desde mi profesión de diseñadora industrial, lo hago siempre en vínculo estrecho con la producción, las tecnologías, los procesos y los recursos disponibles para que ese proyecto sea materializado. Desde mi punto de vista, es diseño siempre y cuando esté producido (o pueda serlo), que se convierta en un producto en función de resolver un problema real de las personas. El diseño tiene un rol central en la proyectación de la usabilidad de una solución, en la definición de interfaces que simplifiquen la vida de las personas.

A su vez, la producción puede ser repensada desde el diseño, ya que muchas veces el diseño transforma procesos y los hace más económicos, sustentables. Pero debemos reconocer que la producción ha prescindido muchas veces del diseño y, por eso, tenemos aún un camino que recorrer para que desde la producción se considere el diseño como un socio estratégico. Esta tarea recae fundamentalmente en los diseñadores que, con humildad e información, deben seguir trabajando en la ardua tarea persuasiva de seducir al mundo productivo acerca de la virtud de incorporar diseño.

–¿Qué casos, personajes, productos o elementos de la cultura argentina e internacional podrían dar cuenta de una experiencia superadora entre estos términos?

–Las experiencias superadoras parten de lo colectivo. En mi experiencia en el Centro Metropolitano de Diseño de la Ciudad de Buenos Aires (CMD), en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA y en la Universidad Nacional de Hurlingham, la riqueza de los proyectos que vinculan diseño y producción se manifiestan en la cultura de lo colectivo y lo interdisciplinario, donde el diseño es “parte de” y no “el todo”.

Más que productos o elementos veo experiencias superadoras en instituciones, empresas y cooperativas que vinculan ambos términos y los convierten en componentes indisolubles, o al menos eso intentan. Para mencionar un caso en particular, el “Programa de Incorporación de Diseño” del CMD ponía el foco precisamente en promover el vínculo entre diseño y empresa, algo tan importante a la vez necesario de afianzar a nivel local.

Me interesa particularmente destacar proyectos y no personajes; pluralidades y no individualidades. Muchos diseñadores nos formamos bajo el modelo de “diseño de autor”, del estrellato del diseño, donde se destacan personajes y objetos en lugar de equipos y de soluciones para las personas. El binomio diseño y producción va de la mano de lo colectivo y lo colaborativo, de la orquesta por sobre el solista. Mi obsesión por vincular el diseño con la producción tiene sus raíces en mi formación, en la carrera de Diseño Industrial de la UBA, donde tuve como profesores a dos de los máximos exponentes de la promoción de este binomio en Argentina: Reinaldo Leiro y Hugo Kogan. Aquí sí valen los personajes, porque en ellos reconozco y les agradezco profundamente las enseñanzas acerca del sentido de las acciones en el diseño.

–¿Ha cambiado en el siglo XXI, con las nuevas tecnologías, modos de educar, habitar, consumir y relacionarse, la vinculación entre diseño y producción?

–Sin duda ha cambiado su vinculación, a veces para bien, otras para mal. Una de mis mayores preocupaciones en referencia a las nuevas tecnologías es su uso irracional. Por ejemplo, la impresión 3D, con todas sus virtudes en términos de acortar tiempos de desarrollo y abaratar costos, hace que su velocidad e inmediatez a veces eliminen una etapa fundamental que es la de pensar en la necesidad, en el “para qué” de la utilización del recurso, en su uso apropiado. El “para qué” debería estar siempre presente, especialmente si reflexionamos sobre cómo consumimos y para qué producimos.

Los modos de educar, habitar y consumir también producen cambios en esta relación, pero depende mucho del lugar donde uno se encuentre, ya que las condiciones de habitabilidad, de consumo y de formación no son homogéneas, a veces esto es una ventaja y otras no.

Pensando una vez más en las nuevas tecnologías, hoy se diseñan proyectos en Argentina que se fabrican en China: es decir, el diseño y la producción están vinculados a distancia, mediados por nuevas formas de comunicación a través de las relaciones virtuales. Llega la pandemia y, entonces, eso que fue diseñado acá y fabricado en China no puede llegar físicamente al mercado local. Los teóricos beneficios de la globalización —en general pensados desde los países desarrollados— en la emergencia actual se han convertido en duras realidades para los países que no son del primer mundo. Hoy ponemos en valor que haya empresas argentinas produciendo equipamiento médico e indumentaria de protección o que establecimientos dedicados a otros rubros se reconviertan para hacer frente a la emergencia fabricando insumos esenciales.

–¿Cómo podría potenciarse este binomio para generar soluciones innovadoras que impliquen mejoras en tópicos como la inclusión, la diversidad cultural, la equidad de género, el cuidado medioambiental, la salud y el acceso a la educación?

–En este momento, estamos siendo testigos de la necesidad de dar mejores respuestas a algunos de estos temas, como ser la salud y el acceso a la educación en tiempos de pandemia. Estos tópicos, que van más allá del diseño y la producción, son o deberían ser prioritarios en cualquier agenda. Diversidad cultural, inclusión, equidad de género, cuidado del medioambiente deberían estar presentes en el binomio diseño/producción desde el inicio del proyecto.

Si en la etapa formativa apuntamos a transmitir que el diseño debe incluir estas nociones en su agenda, en los condicionantes de un proyecto, habremos dado un paso importante. El peligro, en todo caso, es tomarlos como temas de moda, de manera superflua, y que tras superar la crisis todo quede como estaba. Muchas de estas temáticas requieren leyes y reglamentaciones que promuevan su incorporación, como es el caso del cuidado ambiental. No basta con que estén presentes en la agenda de los diseñadores, sino que deben ser incluidos en campañas de concientización y en la la propia agenda parlamentaria.

Las soluciones innovadoras son las que están con la gente, a su servicio. La inclusión, la diversidad y la equidad deben ser seriamente considerados en los proyectos para que estos se conviertan en soluciones reales a través de la producción. En definitiva, se trata de hacer un diseño con sentido para todas las personas.