Block title
Block content

Rodríguez: «Deberíamos incorporar con más fuerza las interfaces digitales al pensamiento del diseño y corrernos de la cultura puramente material que predomina en nuestra región»

Florencia Rodríguez, creadora de las revistas PLOT y –NESS, insiste en la oportunidad que presenta el contexto para diversificar las vías de abordaje y de acción del diseño y gestar así grandes transformaciones.

Arquitecta por la Universidad de Belgrano, con una especialización en Forma y Significado, Florencia Rodríguez se abocó desde los inicios de su carrera a la escritura y la edición especializada. Luego de colaborar asiduamente en Summa +, en 2010 fundó la publicación de arquitectura PLOT, la cual dirigió durante siete años. Por su concepción novedosa, experimental y propositiva de la disciplina, PLOT se convirtió en una revista de diseño referente en Latinoamérica.

En 2017, motivada por generar nuevas plataformas de diálogo y de construcción de sentido alrededor de las aristas tangibles e intangibles de la cultura, impulsó junto a Pablo Gerson otro proyecto disruptivo: la editorial Lots of Architecture – publishers, cuyo producto principal es la revista impresa –NESS. On Architecture, Life and Urban Culture, que cuenta además con un portal digital actualizado mediante podcasts, notas y documentos temáticos.

En el campo académico, Rodríguez ejerció la docencia y dictó cursos desde 2004 en diferentes instituciones americanas y europeas, entre estas, la Universidad de Buenos Aires, la Universidad de Palermo, la Universidad del Litoral y el Boston Architectural College; y, hasta el año pasado, fue titular de los seminarios Teoría de la Tecnología y Teoría del Paisaje brindados en los programas de posgrado de la Universidad Torcuato Di Tella.

Seleccionada como Loeb Fellow en la Harvard Graduate School of Design, curó y coordinó en esta casa de estudios el Simposio Internacional sobre Crítica Contemporánea de Arquitectura “What Criticism?”. En tanto, en 2016, fue jurado del concurso Mies Crown Hall Americas Prize, uno de los máximos certámenes de la arquitectura de América.

Durante su profusa trayectoria, la también bajista de la banda Olympia ha recibido numerosos premios por su trabajo editorial, como el reconocimiento de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura, y ha escrito en publicaciones como Domus, Oris, Arquine, a+u y Uncube. Actualmente, está realizando un libro que compila varios de sus artículos revisados y, junto con Mark Lee, coeditando la edición número 48 del Harvard Design Magazine, que saldrá antes de fin de año.

En esta oportunidad, invitada por Fundación IDA para participar de la sección “Opinión Experta” del Old&Newsletter de septiembre, Rodríguez insta a seguir disolviendo los límites y trazando puentes entre lo real y lo virtual, entre disciplinas, entre tiempos, entre espacios y entre ideas, con el fin de generar “revoluciones discretas” que devengan evoluciones necesarias.

–¿Se puede repensar o redefinir el diseño desde la conectividad? ¿Y el concepto de la conectividad desde el diseño? ¿Puede uno prescindir del otro?

–Desde que las comunicaciones se convirtieron en nuestra manera de estar en el mundo, la conectividad impactó en el diseño y viceversa, incluso de modos no tan evidentes. En la arquitectura, el paisaje y el urbanismo, por ejemplo, la composición y la forma dejaron lugar a cuestiones de relaciones entre las cosas, muchas veces usando interpretaciones de discursos que vienen de la topología, la filosofía o la estética relacional, entre otras. Ese modo de proyectar, que no es determinista sino que propicia situaciones, que potencia, que “da lugar” y que conecta, sin duda redefinió muchos aspectos del diseño.

En este contexto, también resuenan terminologías empleadas en otras esferas, como los conceptos de “Internet of Things” (IoT o internet de las cosas) y “design thinking” (algo así como pensamiento basado en diseño), que plasman la conexión cosas-conectividad más allá de las fronteras disciplinares. Es decir, la lectura contemporánea del mundo y el modo en el que hacemos uso de nuestros objetos, espacios o dispositivos en general están atravesados y definidos por la relación planteada en la pregunta. No creo posible pensar la disciplina escindida de su relación directa con otros humanos o no humanos: me atrevería a decir que el diseño es conexión.

–¿Qué casos, personajes, productos o elementos de la cultura argentina e internacional podrían dar cuenta de una experiencia superadora entre estos términos?

–Por un lado, la conectividad ha modificado tanto nuestra manera de trabajar que nadie está ajeno a esas experiencias. Permitiéndome ser un poco autorreferencial, el trabajo editorial en relación al diseño de la manera que lo planteamos —primero en PLOT y ahora en NESS— no existía hace unas pocas décadas, sin internet, sin conectividad.

Por otro lado, no puedo pensar esta pregunta fuera del eje de la pandemia y las dinámicas laborales que tuvimos que adoptar para seguir adelante. A partir de allí, me parece, deberíamos incorporar con más fuerza las interfaces digitales al pensamiento del diseño y corrernos de la cultura puramente material que predomina en nuestra región. Sé que esto no es una novedad, pero, ante la necesidad de tener que repensar y usar esas interfaces cotidianamente para replantear los métodos de trabajo, hoy me pregunto si no son áreas desatendidas en el pensamiento del diseño.

Es así que, a pesar de que me encantaría responder hablando de un objeto o un espacio público como experiencia superadora de la relación diseño-conectividad, de algo que se pueda tocar, oler, sentir, eso no sería justo. Este año Zoom y Tik Tok son los productos que nos están enseñando sobre la experiencia contemporánea, y debemos tomar nota de ello. ¿Hay mejores maneras de diseñar el tipo de interacción que las que nos plantea Zoom? ¿Por qué Tik Tok es un espacio de interacción y expansión mayor que cualquier otro, al punto de impactar fuertemente en cuestiones políticas en el espacio físico? Se diseña la plataforma y, con ella, se diseña un modo de vincular.

–¿Ha cambiado en el siglo XXI, con las nuevas tecnologías, modos de educar, habitar, consumir y relacionarse, la vinculación entre diseño y conectividad?

–¡Claro! Pensemos en este mismo newsletter, en el dispositivo desde el que la audiencia lo lee, en la posibilidad de acceder a miles de conferencias de cualquier lugar en tiempo real, en cómo la educación está rediseñándose para no interrumpirse, en los nuevos hábitos de consumo desde casa que ya habían hecho crecer exponencialmente a empresas como Amazon o Mercado Libre antes de 2020. Pensemos, también, en las nuevas plataformas de pagos, de manejo de dinero en general, y en todas las diferentes actividades que descubrimos que se pueden hacer desde la supuesta intimidad de nuestras casas. La mayoría de estas cosas habían empezado a mutar y la pandemia las ha catapultado más allá de lo esperado. En la próxima década veremos cuáles de estos fenómenos siguieron en esa misma vía y cuáles enfrentan transformaciones esenciales. Estamos en un borde interesante. Diseño y conectividad son claves en el actual cambio de era que parece tan dramático y peligroso como provocativo. Creo que veremos muchos más productos como consecuencia directa de este par en el futuro inmediato y cercano, que incluirán desde las cosas más pequeñas hasta los espacios públicos, desde la esfera doméstica a la comprensión del territorio.

En cuanto a la educación en relación al diseño, específicamente, muchas universidades están abriendo programas de diseño abarcativos, en el que este es entendido como una disciplina paraguas que vincula transversalmente aspectos muy diversos de la vida. Es decir, se disuelven carreras específicas relativas al diseño para pensar en la figura del diseñador y la diseñadora total. De alguna manera, se entiende el diseño justamente como conectividad, como estrategia de pensamiento, dejando atrás la prevalencia de lo estético en su interpretación.

–¿Cómo podría potenciarse este binomio para generar soluciones innovadoras que impliquen mejoras en tópicos como la inclusión, la diversidad cultural, la equidad de género, el cuidado medioambiental y el acceso a la educación y la salud?

–En mi opinión, ya no podemos pensar el diseño sin considerar esos tópicos, no como algo externo, a agregar, sino como cuestiones intrínsecas disciplinares. Cuando el tema de la sustentabilidad se puso de moda, había un abuso de fachadas verdes que denotaban el esfuerzo por comunicar y concientizar sobre la necesidad de incorporarla como preocupación. Pero, con el tiempo, se entendió que la sustentabilidad es un rasgo del diseño tanto como lo es, por ejemplo, la tectonicidad para la arquitectura; y desde esa concepción pudimos superar aquella imagen verde casi propagandística para encontrar métodos más comprometidos de producción.

Quizá soy demasiado optimista (permítanme ese sentimiento de autopreservación en un año como este), pero creo que las crisis tan extremas a las que nos estamos enfrentando nos ayudarán a dejar atrás la mirada distraída y a visibilizar cuestiones que deben colaborar a abrir nuevos caminos.

Las definiciones de identidad, de naturaleza y de sociedad no son las mismas de la modernidad y uno de los valores del diseño es, justamente, representar lo que somos y lo que podemos y puede llegar a ser. En este caso, el sentido de la conectividad es posible de entender de muchas maneras: entre personas, entre personas y objetos, entre sentidos de la historia, entre artesanía y producción, entre cuerpo y cosa. Desde esa base, y desparramados por el globo, ya están surgiendo nuevos proyectos y soluciones. Y hay de todas las escalas: espacios públicos inclusivos, maneras de dar acceso democrático a la tecnología u objetos que cambian costumbres muy arraigadas.

Un caso muy concreto y simple es el de la copa menstrual, un elemento diseñado ergonómicamente que está cambiando paradigmas en relación al cuerpo de la mujer y que, al mismo tiempo, se apoya en un discurso medioambiental. En estas pequeñas cosas es donde el diseño tiene oportunidades de generar lo que me gusta llamar revoluciones discretas. Con un pequeño cambio individual, se pueden conseguir transformaciones inmensas.