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Novik: «Liberado del yugo de la forma y del producto, el diseño sale al diálogo creativo con múltiples disciplinas y habilidades para proponer soluciones a partir de nuevos métodos y perspectivas»

La investigadora, docente y consultora Laura Novik da a conocer su visión transversal sobre la cultura del diseño y analiza casos exitosos de la Argentina y del mundo.

Con 30 años en la industria de la moda y el diseño, la chaqueña Laura Novik es una reconocida investigadora de tendencias y promotora de la disciplina en la región. Desde su consultora Blink Design, con sede en Chile, desarrolla estrategias de contenido para distintas organizaciones, entre las que se destacan View Publishers, Promperú (Perú), Inexmoda (Colombia) y McCann Ericskon (Chile). De gran proyección internacional, es presidenta del Comité Científico del Congreso de Pares Académicos Ixel Moda (Colombia) y jurado del premio Diseño Responde. Desafío Latinoamericano, impulsado por el proyecto danés INDEX y la Universidad del Desarrollo (Chile).

Su formación transversal abarca campos como la danza, el teatro y el cine. Tras cursar cinco años de Arquitectura en la FADU-UBA, emprendió estudios de posgrado en Gestión de Diseño (Cooperación Italiana: Politécnico de Milán, Polimoda Firenze, ISIA Roma) y una especialización en Gestión de Diseño MiPymes (Cooperación Española). En 1989, ganó el premio Tela y Talento de la firma Alpargatas, donde realizó una pasantía y diseñó algunas colecciones.

Desde 2000 se volcó a indagar las intersecciones entre diseño, sustentabilidad y emprendimiento en América Latina, inicialmente como coordinadora de la primera Incubadora de Empresas de Diseño de Argentina en la FADU-UBA y, entre 2003 y 2006, a través del proyecto Circuito Identidades Latinas, respaldado por la Unesco. Desde 2007, impulsa Raíz Diseño, una plataforma de difusión de prácticas creativas éticas y diseño de futuros deseados que integra a comunidades indígenas con diseñadores a través de travesías para el intercambio de conocimientos.

A nivel académico, entre 1990 y 1994 fue coordinadora de la primera carrera de Diseño de Indumentaria privada del país, en el Centro de Artes Visuales; y, en paralelo, lideró una cátedra en la carrera de Diseño de Indumentaria y Textil de la UBA, de donde surgieron grandes exponentes de la moda y la academia nacional. En el exterior, fue titular de Taller de Diseño en la Universidad de los Andes (Colombia) y profesora visitante en universidades como William & Mery College (Estados Unidos), la Colegiatura Colombiana de Medellín y el SENAC (Brasil). Actualmente, se desempeña como directora del Diplomado de Diseño Estratégico de Colecciones de la Pontificia Universidad Católica de Chile, como profesora de Prospectiva y Tendencias en la Licenciatura en Diseño de Universidad de San Andrés y profesora de Gerencia de Producto y Marketing de Moda en la maestría en Marketing y Comunicación de la misma universidad.

Invitada por Fundación IDA, Novik participa de la sección “Opinión Experta” del Old&Newsletter mensual para hablar sobre los cambios que atraviesa el diseño en la cultura y sobre su rol en la construcción de futuro.

–¿Se puede repensar o redefinir el diseño desde la óptica cultural? ¿Y la cultura de una sociedad desde el diseño? ¿Puede uno prescindir del otro?

–A esta altura de la historia, es innegable que la cultura del diseño alimenta los flujos de la cultura global, centrada en una sociedad hiperconectada de la que también es su instrumento. Sin embargo, coincido con Ezio Manzini, la ausencia de un debate profundo acerca de la cuestión cultural funciona como barrera para que el diseño se establezca como un verdadero agente de cambio social y político.

Cuando en 2004 Bruce Mau dijo “no se trata del mundo del diseño sino del diseño del mundo”, además de pinchar la burbuja de una profesión centrada en el desarrollo de productos, servicios y dispositivos de comunicación, interpelaba acerca de la falta de reflexión del diseño contemporáneo como agente de transformación cultural. Hoy, casi 20 años después de su libro Massive Change y de que David Kelley planteara el concepto de “design thinking” basado en la difusión de herramientas y métodos del diseño —sus formas de pensar y hacer (design thinking, design doing)— somos conscientes de las formas en las que la cultura del diseño fue extrapolada a entornos tan diversos como los negocios, los problemas ambientales o la gestión pública. Hoy, cuando la humanidad entera articula esfuerzos colaborativos desde múltiples disciplinas y contextos para paliar los efectos de la pandemia por el Covid-19, la capacidad del pensamiento de diseño como un genuino instrumento cultural y comunitario para la supervivencia de las especies y sus ecosistemas emerge ya no como un potencial. Es tiempo de compartir aprendizajes y acelerar procesos.

–¿Qué casos, personajes, productos o elementos de Argentina o del mundo podrían dar cuenta de una experiencia superadora entre estos términos?

–Numerosas iniciativas dan cuenta de esta transformación en la cultura del diseño y en el pensamiento de diseño como una proyección hacia la cultura global. En este sentido, me parece relevante el Index Project, una organización danesa sin fines de lucro que promueve diseños destinados a mejorar la vida en todo el mundo, nacida en 2002 con el premio INDEX: Design to Improve Life (Diseño para la mejora de la vida). Tuve la suerte de conocer la iniciativa desde su origen gracias al diseñador Alex Blanch, quien fuera convocado por su fundadora, Kigge Hvid, junto a otros expertos internacionales para ser parte del Jurado durante las primeras ediciones. INDEX nació con la vocación de incidir en la agenda del diseño internacional —hoy es considerado el Nobel del Diseño— y lo hizo moviendo la aguja de los objetivos de una disciplina impulsada comercialmente hacia una orientada a mejorar la calidad de vida para todos. El premio quebró las barreras de los sectores tradicionales del diseño para establecer categorías vinculadas al impacto que tiene en la vida de las personas. Sitúa la finalidad del diseño no en la creación de productos, espacios e información, sino en cómo estos intervienen en la forma en que las personas nos adaptamos al medio artificial, preservando el medio natural, en línea con el pensamiento formulado por John Thackara. Este enfoque se convirtió en un movimiento global que entiende al diseñador como agente de cambio y al diseño centrado en el sostén de la vida.

En 2020, Index Project decidió impulsar estas ideas en nuestro continente a través del premio Diseño Responde. Desafío Latinoamericano junto a la Universidad del Desarrollo de Chile, el BID y la Fundación Ágora. Estoy muy orgullosa de ser parte en calidad de jurado de este certamen que invita a los jóvenes creativos de nuestra región a desarrollar soluciones eficientes e innovadoras que enfrenten los problemas potenciados o desencadenados por la pandemia del covid-19 en nuestras comunidades desde una mirada local.

Desde Brasil, destaco el proyecto A gente Transforma (Nosotros transformamos), un instituto que incuba emprendimientos sociales promotores de transformaciones por medio de la arquitectura y el diseño. Liderado por Marcelo Rosembaum, la iniciativa se integra a una tradición del diseño brasilero iniciado por el proyecto Piracema de Design, impulsado por la diseñadora Heloisa Crocco y el historiador José Nemmer, fuertemente comprometidos con la visibilización de la identidad local y el desarrollo de las comunidades a partir del componente diseño. A Gente Transforma continúa ese camino e inaugura nuevos procesos de cocreación en los que se involucran colectivos de diseñadores y estudiantes, marcas, entidades gubernamentales, medios y las propias comunidades, articulando esfuerzos para el desarrollo sustentable.

–¿Ha cambiado en el siglo XXI, con las nuevas tecnologías, modos de educar, habitar, consumir y relacionarse, la vinculación entre diseño y cultura?

–Desde finales del siglo XX, en el actual contexto que Jeremy Rifkin define como la Tercera Revolución Industrial, el diseño se fue adaptando a esta fase de transición caracterizada por las sucesivas crisis y se convirtió —junto a otras disciplinas— en un instrumento de aprendizaje social, cultural, ambiental, tecnológico y político.

El diseño está en un proceso de transformación desde perspectivas tecnológicas hasta epistemológicas, lo que representa una gran oportunidad de reposicionamiento para una disciplina que parecía destinada a hablar desde diseñadores para diseñadores. Liberado del yugo de la forma y del producto, el diseño sale al diálogo creativo con múltiples disciplinas y habilidades para proponer soluciones a partir de nuevos métodos y perspectivas.

“La próxima ‘gran cosa’ no es una cosa. Es un cambio en la relación entre cosas”, observó Bill Buxton, de Microsoft Research, y agregó: “Sin el aporte del conductor vamos aceleradamente a chocarnos con la barrera de la complejidad”. Esta noción de un diseñador como conductor me interesa mucho y queda reflejada con el Ocean Cleanup Array, un ejemplo de la conjunción entre habilidades ingenieriles y diseñísticas que dan origen a un nuevo modelo de negocio desde el pensamiento de diseño. Surge aquí un nuevo perfil creativo, el de Boyan Slat, autopercibido como diseñador cuando aún era estudiante de ingeniería y nominado por Young Entrepreneurs Worldwide como uno de los 20 emprendedores más prometedores. El proyecto nos presenta un caso de convergencia de tecnologías ya existentes para desarrollar una nueva función de impacto global. Se trata de un caso destacable, ya que usa elementos de la pesca de arrastre, boyas marinas de altura, cintas transportadoras y embarcaciones de arrastre, todos elementos ya existentes, para afrontar de forma original uno de los principales problemas medioambientales, como es la ingente cantidad de plástico flotante en los océanos.

–¿Cómo podría potenciarse este binomio para generar soluciones innovadoras que impliquen mejoras en tópicos como la inclusión, la diversidad, la equidad de género, el cuidado medioambiental y el acceso a la educación y la salud?

–A través de la educación del diseño, sin lugar a dudas. Tuve la oportunidad de seguir de cerca el caso de la Escuela de Diseño de la Pontificia Universidad de Chile, que en 2004 desarrolló —bajo un proyecto elaborado por Alex Blanch—el primer programa transversal de Diseño de la región (acreditando el título de Licenciatura en Diseño, sin menciones), con vínculos con áreas de las Humanidades, Medicina, Economía, Administración e Ingeniería. Este enfoque la llevó a ser la primera escuela de cualquier disciplina universitaria de la región en entrar al selecto grupo de las 30 mejores escuelas del mundo en el ranking universitario QS16; hoy sus egresados, más allá de contar con mayor seguridad en su empleabilidad, forman parte de equipos que se orientan a la transformación de organizaciones y negocios para enfrentar los desafíos tecnológicos, sociales y ambientales de cara al futuro.

Esta iniciativa es el antecedente fundamental que sirvió como mapa de ruta para definir la Licenciatura en Diseño de la Universidad de San Andrés, la primera carrera de Diseño sin especialidades de Argentina, que entiendo ya está impulsando un cambio cultural en lo que concierne a la educación en Diseño a nivel país…; tan así es que al año ya tenía dos universidades siguiendo su mismo camino. La idea, impulsada por los Hermanos Estebecorena en 2011 y formulada por Alex Blanch en 2016, integró además los enfoques de la escuela danesa KaosPilot, definida como un centro de formación en Business Design (Diseño de Negocios) orientados a la innovación social, los modelos de diseño crítico y diseño prospectivo, y la perspectiva del proyecto INDEX con su noción del diseño centrado en el sostén de la vida y del diseñador como agente de cambio.

Dichas experiencias globales y regionales se anclaron a las lógicas propias de la cultura local, con tradiciones ligadas a las prácticas de diseño participativo, sobre todo en el plano de la arquitectura argentina de los 70, el arte de vanguardia en vínculo con la ciencia, así como el actual desenvolvimiento de los sectores que más han crecido, como el de las industrias culturales —con los subsectores audiovisual, musical y de videojuegos—, las plataformas digitales de comercio, las consultoras con fuerte componente on line y el sector aeroespacial y de la programación.

En este sentido, se trata de la construcción de un proyecto educativo que lee los motores de cambio a escala global asentado en las fortalezas locales y que integra de forma horizontal las voces de sus profesores y estudiantes para dar forma a un dispositivo educativo disruptivo que está formando la siguiente generación de diseñadores comprometidos con la transformación de sus comunidades.

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Fotografía: Rodrigo Chodil