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Muzi: «En su mutación como disciplina, el diseño se debe una transformación superadora e inclusiva que atienda los saberes de las culturas nativas, de la biología transespecies, de la filosofía, y que se haga eco de los feminismos y de les acallades»

Con una extensa trayectoria en la divulgación de la cultura material argentina, la periodista, docente y editora especializada en diseño Carolina Muzi analiza el presente y los desafíos de la disciplina en un mundo en transición.

Nacida en Bahía Blanca en 1965, Carolina Muzi es periodista y licenciada en Comunicación Social por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Desde principios de la década del 90 y por 17 años, fue periodista en el diario Clarín. En 2003, introdujo la escena del diseño en los medios masivos argentinos a través de una sección semanal en el suplemento ARQ, donde en 2007 además creó y dirigió en sus inicios la revista dni (Diseño Nacional e Internacional).

Volcada a la investigación narrativa, el rescatismo historiográfico y la comunicación de la cultura material, a partir del archivo de Pepe Rey editó Historia del CIDI, un impulso de diseño en la industria argentina (Buenos Aires, CMD, 2009).

Fue editora de libros como Argentina, territorio de diseño (Buenos Aires, Gruposiete, 2010) y Divino Barolo (Buenos Aires, ZkySky, 2013) y participó con capítulos en otras publicaciones. Asimismo, impulsó la revista Maíz, de la Facultad de Periodismo de la UNLP; la segunda etapa de IF, del Centro Metropolitano de Diseño (CMD); y CIA Revista, del Centro de Investigaciones Artísticas.

Entre otras muestras, curó “Genealogías del Sur”, en el Malba de Buenos Aires (2007); “Mate, la savia de los argentinos”, en Tokio (2007); el Pabellón del Bicentenario “Argentina Diseña”, en Londres (2010); “Industria Argentina Apagada-Encendida”, en la ex ESMA (2013); y “Una silla, dos casas, dos ciudades” (2019), en el MPBA Emilio Pettoruti de La Plata.

En plena edición de los textos de Basilio Uribe, fundador del CIDI, que Rey compiló y le confió para hacer un libro, la también docente de Historia del Diseño y de la Industria en la Universidad Nacional de Avellaneda (UNDAV) participa de la sección “Opinión Experta” del Old&Newsletter de abril y reflexiona acerca del vínculo entre diseño y sociedad.

–¿Se puede repensar o redefinir el diseño desde la sociedad? ¿y la sociedad desde el diseño? ¿puede uno prescindir del otro?
–El diseño no puede prescindir de la sociedad porque es su razón de ser-hacer. Y esta última tampoco de la disciplina quizá con mayor capacidad de articular saberes sociales y científicos para dar respuesta práctica en las más variadas áreas de la vida, en todas sus escalas, y en el paralelo virtual. Esta crisis global desnuda la trama: desde pieles aislantes, respiradores, comunicación, interfaces hasta aplicaciones y uso del Big Data en la lucha contra la expansión del virus.

Si sociedad y diseño, en su relación intrínseca, funcionan como una sístole-diástole, ambos deberían poder repensarse mutuamente. En cada sociedad (país, región, etcétera) se tratará de procesos mediados por las universidades y demás instituciones del Estado en el sector público, y por el mercado y quienes siguen sus lógicas en el privado.

No parece probable que el diseño deje de ser el brazo armado del capitalismo en lo que quede de Antropoceno, pero el daño irreparable a la Tierra tras dos siglos y monedas de extractivismo, control social, negación de derechos, sometimiento de comunidades, de sectores y de las demás especies… sin duda ya está cambiando la conciencia de les diseñadores y el signo de las prácticas.

Otra buena noticia es la apertura de las fronteras del diseño a la sociedad: como nunca antes en la historia, además de la necesidad, ahora también nos mueve el deseo. Y emergen las grandes solidaridades en movimientos conjuntos, como por caso el de los feminismos alrededor del globo. En la macroscopía insoslayable de John Thackara, En la burbuja. Diseñando para un mundo complejo, el economista Nobel Herbert Simon abría la cancha: “Todo aquel que planifica cursos de acción orientados a cambiar las situaciones existentes por otras preferibles a ellas está diseñando”.

En este siglo, el diseño es clave para definir los procesos biopolíticos de remedación social y ambiental. En su mutación como disciplina, se debe una transformación superadora e inclusiva que atienda los saberes fundamentales de las culturas nativas, de la biología transespecies, de la filosofía; que se haga eco de los feminismos, de les acallades. La formación deberá ponerse a la altura de una nueva sociedad: afinar el compromiso con las ciencias sociales, naturales, biológicas y la cibernética, así como de la conciencia; promover un diseño sensible a las causas populares y sus luchas ambientales, de las diversidades, descolonizaciones y disidencias en su amplitud. Una vieja frase de Jean Baudrillard que aplica al proyecto recobra vigencia: “Re enunciar, frente a lo que se ha perdido y en la anticipación de lo que nos espera, esa es nuestra especie de fatalidad”. No resulta pesimista, llegó el momento de resetearnos como humanidad / sistema.

–¿Qué casos, personajes, productos o elementos de la cultura argentina e internacional podrían dar cuenta de una experiencia superadora entre estos términos?
–La poscrisis de 2001 generó casos interesantes y representativos. Muchos quedaron en las bambalinas de la investigación académica o independiente, con poca o nula transferencia social. Uno podría ser Contenido Neto, el proyecto de Alejandro Sarmiento para el reciclado de botellas de PET. Aunque no llegó a sedimentar a través de políticas de gestión y de capacitación popular, en un momento en que los cartoneros aún no hacían separación plástica, promovió este recurso material y proveyó una técnica y una herramienta muy simple y sofisticada —que a su vez abreva en la primera herramienta vernácula criolla (la faca y el hueso para hacer tiento con las entrañas vacunas)— para obtener un material gratuito, capaz de cubrir necesidades domésticas urbanas o rurales con eficiencia, a bajo costo y evitando un desecho que aquí no se reciclaba de modo primario. Hasta su nombre y el no haber querido patentarlo tuvieron que ver con el contenido netamente social de aquel episodio cultural de diseño.

El trabajo de la diseñadora Constanza Dellea desde la Universidad Nacional de Avellaneda con la Cooperativa Textil Nadia Echazú de travestis y trans, generando trabajo a partir del diseño para que una población vulnerable y resiliente pueda dejar la calle.

Los proyectos con que el equipo de diseñadorxs de IPAF Región Pampeana (Instituto Pequeña Agricultura Familiar) del INTA (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria) responde a necesidades básicas como la leche pasteurizada en la mesa, con el desarrollo de una ensachetadora que pasteuriza la leche ya envasada; o con cocinas eficientes para el monte chaqueño, que resuelven aspectos de traslado, sanidad y refugio en un medio hostil.

Las aplicaciones con que las mujeres podemos cuidarnos de la violencia de género en las casas y en las ciudades, desarrollos que llevan el tilde anónimo de la construcción colectiva. Algunas de las tapas de Alejandro Ros en Soy, que son manifiestos de visibilidad y de ampliación de derechos.

El diseño del Plan Qunita por Tiago Ares y el estudio Polenta, que implementó el Estado nacional, es un ejemplo valiosísimo —sino el más— de diseño social en la historia argentina reciente. La Life Straw para potabilizar el agua que salva vidas en África, de los daneses Jean Luc Madier y Alison Hill. En términos más ambientales, la máquina Precious Plastic, de Dave Hakkens y con licencia Creative Commons, que permite a cualquiera replicarla para sintetizar plástico usado y convertirlo en material y, sobre todo, que creó una comunidad global que está coordinando acciones en la lucha contra el COVID 19.

En estos días de emergencia sanitaria es muy estimulante ver cómo circulan los recursos open source, como la máscara de Josef Prusa, cuya impresión en 3D fue coordinada prontamente por la Red DiSur —que nuclea las carreras de diseño— en Asunción del Paraguay, Oberá, Rosario, Avellaneda, para entregarse a las autoridades sanitarias.

Las materialidades, justamente, creo que podrán ser uno de los nodos centrales en los que sociedad y diseño posibiliten nuevas perspectivas.

–¿Ha cambiado en el siglo XXI, con las nuevas tecnologías, modos de educar, habitar, consumir y relacionarse, la vinculación entre diseño y sociedad?
–El vínculo ha cambiado mucho, quizá no lo suficiente. Ni tampoco en la dirección hacia donde quisiéramos que rumbee, ya que la inercia más fuerte parecería seguir siendo la del consumo y de la banalidad, en todos los ámbitos. Algo que no cambió —y en esto el diseño arrastra un problema desde su fundación disciplinar en el siglo XX— es su propia comunicación. Además de no ser comprendido y dimensionado socialmente, ha sido frivolizado, sobre todo por y a través de los medios.

Por otra parte, históricamente se asocia y se ensalsa la innovación como algo relacionado a la tecnología, jamás a las personas, a lo social de los procesos: gran error que también arrastramos de un ideario siglo XX. Como dice Franco “Bifo” Berardi en Fenomenología del Fin, “con la transición tecnológica hacia el entorno digital, llegamos a un punto decisivo en la disociación entre empatía y vínculo social”.

El diseño debe ayudar en el regreso a un lugar y a una vida sostenibles. Esa es su misión en el siglo XXI: desandar y remedar, acompañar y asistir las diversas transiciones e itinerancias de las personas, desde el desplazamiento entre países o continentes al que se realiza entre identidades de género o entre vida física y virtual.

–¿Cómo podría potenciarse este binomio para generar soluciones innovadoras que impliquen mejoras en tópicos como la inclusión, la diversidad cultural, la equidad de género, el cuidado medioambiental y el acceso a la educación?
–Abriendo los conceptos, vinculándose con la realidad y con sus procesos político-sociales y ambientales. Saliendo del gueto proyectual. No votando neoliberalismos. Creando implementos para que se composte masivamente: ya basta de generar “basura”, no es posible; a la tierra lo que vino de ella y lo demás, a otra vida. Olvidándose por un rato de la agenda del siglo XX, que circula supuestamente actualizada con productos y palabras del XXI.

Desde el diseño se debe investigar con mayor osadía transdisciplinar, problematizando las “verdades” y los supuestos vencidos, generando nuevas narrativas, escuchando tantas voces que lo han pensado, estudiado y planteado de modo sensato e inteligente. Son muchas. Personalmente, me interesan los planteos de Donna Haraway para una nueva civilización. Su último libro, Seguir con el problema, hibrida la utopía con el hecho científico y el relato de pequeñas experiencias que apuntan a una alianza multiespecies.

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Fotografía: Alejandra López.