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Moisset: «Hay una profunda revisión acerca de quienes detentaron el poder sobre el saber y se ha puesto en cuestionamiento el pensamiento único…; esto lleva a replantearnos cómo están configuradas las ciudades, los edificios y los objetos»

La arquitecta, docente, investigadora y editora Inés Moisset reflexiona acerca del vínculo entre el saber y el diseño desde sus inicios, a la vez que analiza la construcción histórica del relato oficial de la disciplina.

Nacida en Córdoba en 1967, Inés Moisset es arquitecta por la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba (FAUD-UNC) y doctora en Investigación en Composición Arquitectónica del Instituto Universitario de Arquitectura de Venecia. Abocada a la formación y la reflexión proyectual, dirige becarios y tesistas doctorales de distintos organismos desde 2004 y ha sido jurado de importantes certámenes internacionales, como el Premio del Instituto de Arquitetos do Brasil, la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo y las bienales de Perú, Bolivia y Argentina.

En 1992, inició su labor en el estudio y en la divulgación de la cultura material junto a Marina Waisman. Autora de tres libros y coautora de catorce, ha escrito para medios como ARQ, Summa, Vitruvius y Quaderns. Asimismo, desde su editorial i+p, fundada junto a Omar Paris en la ciudad de Córdoba, publicó durante quince años el boogazine 30-60, Cuaderno Latinoamericano de Arquitectura, distinguido con la Mención de Honor en la Bienal Panamericana de Quito 2010.

Integra comités editoriales de diversas publicaciones en América Latina, ha participado en editatonas como “Women in Architecture”, organizada por el Museo Guggenheim de Nueva York, y es editora habitual de Wikipedia a través del grupo Muj(lh)eres Latinoamericanas.

Actualmente es la coordinadora del colectivo “Un día, una arquitecta”, dedicado a visibilizar la labor de las mujeres en la profesión y ganador del Premio Milka Bliznakov del Archivo Internacional de Mujeres en la Arquitectura de Virginia Tech (Estados Unidos). En el marco del mismo proyecto, fue organizadora del “Encuentro de Mujeres y Arquitectura”, evento que inauguró en 2015 la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires.

En el marco del relanzamiento de la sección Opinión Experta del Old&Newsletter –desde marzo, con una temática mensual–, Moisset plantea los desafíos, los déficits y las complejidades de la interrelación entre el diseño y el saber.

–¿Se puede repensar o redefinir el diseño desde el saber? ¿y el saber desde el diseño? ¿puede uno prescindir del otro?
–El diseño es un híbrido entre el pensamiento y la acción: no pueden entenderse separados. En la primera reflexión sobre la arquitectura que llega a nuestras manos, desarrollada por Vitruvio en el siglo I a. C., encontramos la definición de la disciplina comprendida como ciencia, en la que aquel que es teórico y también práctico construye doblemente. Según este tratado, la arquitectura no era entendida solo como edificación sino también como urbanismo, infraestructura y mecanismos u objetos.
Desde la Edad Media, la transmisión del saber en las artes y los oficios estuvo vinculada al hacer, a replicar lo que hacía el Maestro. En el siglo XVI, con la aparición de las Academias, se inició la codificación y la institucionalización de los estudios. Hoy no podemos visualizar la emergencia de la innovación sin una construcción consciente tanto de los saberes derivados de la práctica y que generan teoría, como de los que son producto del pensamiento y materializan resultados.

–¿Qué casos, personajes, productos o elementos de la cultura argentina e internacional podrían dar cuenta de una experiencia superadora entre estos términos?
–Existen muchos casos, pero elijo la Bauhaus porque conmemoramos recientemente su centenario. Y me gusta, además, porque es una experiencia de construcción colectiva del conocimiento y porque abarcó un gran abanico de actividades creativas: arte, diseño industrial, diseño gráfico, arquitectura, etcétera. Los profesores (solo había una mujer, Gunta Stölz) eran artistas reconocidos que trabajaban a la par de los maestros del oficio. En los talleres se exploraban nuevos enfoques y nuevas formas de entender y de dar respuesta a un mundo que cambiaba dramáticamente. Esos conocimientos llegan hoy a nosotros a través de las publicaciones de la escuela, tarea que llevó adelante la escritora y fotógrafa checa Lucía Moholy-Nagy, quien dio forma a la colección de los libros de la Bauhaus.
Así, este grupo de diseñadores y artistas de principios del siglo XX realiza el ciclo completo de un proceso de investigación: ir desde la producción del conocimiento, a partir de la experimentación, hacia la comunicación del saber. Producir, pensar y comunicar son tres acciones indisolubles.

–¿Ha cambiado en el siglo XXI, con las nuevas tecnologías, modos de educar, habitar, consumir y relacionarse, la vinculación entre diseño y saber?
–La vinculación entre el diseño pensado y el diseño producido está cambiando permanentemente. Existen varios factores, como una fuerte vuelta hacia lo visual, un modo de comunicación que era habitual en las catedrales góticas, por ejemplo, para transmitir los mensajes y las historias de la iglesia católica y que el racionalismo trató de minimizar. Hay un pensamiento visual que está siendo rescatado. A la par, surgieron canales de difusión del conocimiento más democráticos, que acercan a un público amplio discusiones que estaban acotadas a élites. Estos espacios requieren ser diseñados adecuadamente.
Además, hay una profunda revisión acerca de quiénes detentaron el poder sobre el saber y se ha puesto en cuestionamiento el pensamiento único, generado de manera predominante por varones, blancos, heterosexuales, occidentales, sin discapacidades. Entre otras derivaciones, este tipo de perspectivas lleva a replantearnos cómo están configuradas las ciudades, los edificios y los objetos.

–¿Cómo podría potenciarse el binomio entre diseño y saber para generar soluciones innovadoras en tópicos como la inclusión social, la diversidad cultural, la equidad de género, el cuidado medioambiental y el acceso a la educación?
–En estos momentos hay una gran movilización de reclamos de derechos, al menos en América Latina. Para que la comunidad y la disciplina del diseño se encuentren, necesitamos hacer una profunda revisión de los valores que estudiamos cuando nos formamos. Esto implica pensar nuevamente cuáles son los límites y las posibilidades del diseño. Percibo que estamos por detrás de las manifestaciones y las preocupaciones de la sociedad, que las instituciones son maquinarias muy pesadas y que, por intereses corporativos diversos, hay dificultades a la hora de maniobrar con estas cuestiones. Creo que las innovaciones se producirán en los bordes, en la periferia, y que desde allí ejercerán presión hacia el centro.