Block title
Block content

Iglesia: «La acción del diseño en la cultura podrá potenciarse siempre y cuando este cuente con una óptica política y económica»

El arquitecto y escritor Rafael Iglesia aborda el diseño como fenómeno cultural y reflexiona acerca de las distintas concepciones, implicancias y alcances que este puede presentar según el entorno donde sea gestado o pensado.

Nacido en Buenos Aires en 1930, Rafael Iglesia fue uno de los fundadores del emblemático grupo Onda, compuesto por Miguel Asencio, Carlos Fracchia, Jorge Garat y Lorenzo Gigli (h), un colectivo transversal que articuló en los años 50 y 60 la producción de arquitectura de corte casablanquista, las construcciones efímeras, el equipamiento y el diseño gráfico.

En el campo académico, este arquitecto recibido en la Universidad de Buenos Aires (UBA) fue director de la maestría en Historia y Crítica de la Arquitectura, el Diseño 
y el Urbanismo; miembro de la Comisión de Doctorado de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU-UBA); integrante del Instituto de Arte Americano Mario Buschiazzo; y docente en las universidades nacionales de La Plata, Tucumán, el Litoral y San Juan.

Estudioso, reflexivo y sumamente prolífico, durante su trayectoria colaboró con las revistas especializadas Nueva Visión, Ambiente, Spazio-Societá y Summa + y analizó el devenir de la arquitectura y el diseño local e internacional a través de libros como Eero Saarinen (IAA-UBA, 1966), La arquitectura historicista del siglo
 XIX (Espacio Editora, 1979), La ciudad y sus sitios (CP67 Editorial, 1987), Habitar, Diseñar (Nobuko, 
2010), Imaginar la ciudad (Nobuko, 2011) y 25 casos de diseño “grosso”. Argentina (1920-1981) (Diseño Editorial, 2016), entre otros, muchos de ellos reeditados en los últimos años.

Invitado por Fundación IDA a participar de la sección “Opinión Experta” de su Old&Newsletter, el también exdirector de Museos de la Secretaría de Cultura de la Nación y del MNBA da su visión sobre las dinámicas que nutren la relación entre el diseño y la cultura.

–¿Se puede repensar o redefinir el diseño desde la óptica cultural? ¿Y la cultura de una sociedad desde el diseño? ¿Puede uno prescindir del otro?

–El diseño es un fenómeno básicamente cultural, de modo que al ser la cultura su alma máter, el útero materno donde se gesta, para poder redefinirlo requiere un análisis contextual que tenga en cuenta elementos constitutivos del entorno geográfico y temporal donde se proyecta y surge, así como también de los hábitos, las técnicas, las aptitudes, las ambiciones y las demandas de sus habitantes.

Sin lugar a dudas, este también puede mutar y replantearse a partir de la cultura, puesto que es el resultado de un sistema cultural complejo; por lo tanto, no solo se lo puede redefinir sino que necesariamente se lo debe redefinir o repensar a partir de ese entramado que lo genera.

–¿Qué casos, personajes, productos o elementos de Argentina o del mundo podrían dar cuenta de una experiencia superadora entre estos términos?

–El ejemplo más obvio y más claro de diseño surgido por necesidad propia de una cultura son las armas. Dicho esto, por supuesto, si bien cualquier diseño podría resultar más “sano” o dar cuenta de una experiencia superadora, encuentro otro caso ilustrativo en el automóvil, que nació como una necesidad del sistema cultural moderno y, al mismo tiempo, exigió todo un desarrollo integral que permitiera construirlo; en otras palabras, implicó la existencia de condiciones tangenciales tan importantes como lo fue la pavimentación de los caminos.

–¿Ha cambiado en el siglo XXI, con las nuevas tecnologías, modos de educar, habitar, consumir y relacionarse, la vinculación entre diseño y cultura?

–Ha cambiado, pero en sus matices. Creo que continuará existiendo la relación biunívoca de siempre aunque su manera de ser esté en transformación constante, ya que día a día cambian las tecnologías, las posibilidades y, esencialmente, lo que se puede hacer. Nadie podría siquiera imaginar un automóvil en épocas donde no era posible hacer un motor a fusión. Hay cosas que con cierta tecnología no se podían ni pensar. La relación cambia en su aspecto fáctico.

–¿Cómo podría potenciarse este binomio para generar soluciones innovadoras que impliquen mejoras en tópicos como la inclusión, la diversidad, la equidad de género, el cuidado medioambiental y el acceso a la educación y la salud?

–Indefectiblemente, esto dependerá de la organización social donde nos encontremos: en la organización comunista, por ejemplo, el diseño va a orientarse hacia necesidades, entre comillas, reales de la gente; mientras esté dentro de un sistema capitalista, se orientará hacia algo que produzca réditos. Es decir, la acción del diseño en la cultura podrá potenciarse siempre y cuando este cuente con una óptica política y económica.