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Fuzs: «De nada vale buscar soluciones técnicas innovadoras si no van acompañadas de soluciones políticas innovadoras»

El arquitecto, docente e investigador cordobés Gonzalo Fuzs analiza la relación dinámica que entablan las comunidades con el territorio a través del diseño.

Gonzalo Fuzs es arquitecto por la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Diseño de la Universidad Nacional de Córdoba (FAUD-UNC) y doctor en Proyectos Arquitectónicos por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Cataluña.

En 2005 cofundó el estudio Furograma Arquitectos, con el que ha proyectado decenas de inmuebles e intervenciones paisajísticas tanto de carácter público como privado. Junto a otros autores, participó en más de 25 concursos provinciales y nacionales, de los que resultó ganador en varias ocasiones. Docente de la FAUD-UNC y de la Universidad Blas Pascal e investigador de la arquitectura moderna en Argentina, ha expuesto y disertado en países de América y Europa y es coautor de numerosos artículos y libros especializados.

Invitado por Fundación IDA a participar de la sección “Opinión Experta” el Old&Newsletter mensual, Fuzs argumenta acerca de la íntima vinculación entre diseño y territorio.

–¿Se puede repensar o redefinir el diseño desde el territorio? ¿Y el territorio desde el diseño? ¿Puede prescindir un concepto del otro?

–Están íntimamente ligados. El territorio no funciona como un “contexto” donde el diseño ocurre sino que entre los dos se establece una interacción que los reconfigura y retroalimenta. De ese proceso surge siempre algo nuevo, con características propias, identitarias, históricas, ambientales, etcétera. Es interesante, en ese sentido, la reflexión que impulsa el concepto de paisajes culturales como resultado del diálogo entre lo “natural” del paisaje y lo “artificial” de la actividad humana. Ahora bien, si tratamos de precisar esta relación un poco más y consideramos la importancia de lo urbano como territorio (alejándonos de la concepción de territorio “natural”) y del diseño como manifestación cultural, el modo en que impacta uno en el otro se acercaría mucho a lo que el arquitecto, urbanista e historiador Adrián Gorelik llama “arenas culturales”, donde existe un proceso de “mutua activación”.

–¿Qué casos, personajes, productos o elementos de Argentina o del mundo podrían dar cuenta de una experiencia superadora entre estos términos?

–Con la modernidad se reconfiguró la enseñanza y la práctica del diseño en sus múltiples facetas: objetual, arquitectónica y urbana. Las tres instancias tendían a aportar, desde diversas aproximaciones y escalas, soluciones a los problemas que planteaba la vida contemporánea, especialmente en las grandes ciudades. Dentro de esta concepción integral rescato la propuesta ideológica, teórica y práctica del Grupo Austral, un conglomerado de arquitectxs —varixs de ellxs discípulxs de Le Corbusier— que a fines de la década del 30 repensó desde Argentina muebles, edificios y urbes a partir de propuestas ya críticas con muchos de los postulados modernos que tempranamente se habían vuelto canónicos. Dicha propuesta produjo un replanteo del rol del territorio con respecto al diseño, considerando nuestro clima, materiales y posibilidades técnicas sin renunciar a la innovación como herramienta posibilitante y promotora de cambios en las formas de habitarlo.

–¿Ha cambiado en el siglo XXI, con las nuevas tecnologías, modos de educar, habitar, consumir y relacionarse, la vinculación entre diseño y territorio?

–Siempre hubo nuevas tecnologías: la historia de la civilización es la historia del avance tecnológico. Dicho esto, la vinculación entre diseño y territorio (mediada por esa tecnología) nunca fue estática, pues es parte de un proceso que se va reconfigurando a medida de que cambia su relación. No creo que sea un factor propio de nuestro siglo ni mucho menos. Cuando se diseñó el arado —incorporando la tecnología de la labranza—, la interacción de las comunidades con el territorio mutó drásticamente y reordenó sus relaciones económicas, sociales y culturales de una forma tan amplia como lo puede haber hecho internet en nuestro tiempo.

–¿Cómo podría potenciarse este binomio para generar soluciones innovadoras que impliquen mejoras en tópicos como la inclusión, la diversidad, la equidad de género, el cuidado medioambiental y el acceso a la educación y la salud?

–No creo que sea un problema técnico sino político. De nada vale buscar soluciones técnicas innovadoras si no van acompañadas de soluciones políticas innovadoras. Disponemos del capital humano y de los recursos tecnológicos para diseñar políticas a mediano y largo plazo que vinculen el diseño con el territorio y realicen aportes significativos en cada uno de estos tópicos. Eso implica un Estado que privilegie y asegure los derechos sociales consagrados por nuestra Constitución y por los tratados internacionales firmados por el país y propicie un marco general para que los esfuerzos individuales o de los diversos actores ocupados en el tema —organizaciones, cooperativas, empresas, fundaciones— confluyan desde su propia mirada y con sus especificidades a metas comunes.