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Bell: «Resguardar la memoria del diseño reviste aun más importancia en este país, cuyo trasfondo socio-político tan complejo y delicado atentó, durante mucho tiempo, contra la conciencia de preservar y de recordar su cultura material e inmaterial»

La directora del proyecto Creme de la Creme reflexiona, desde su experiencia personal, acerca del diseño, el patrimonio y la idiosincrasia argentina.

Vanessa Bell nació en París, vivió más de 20 años en Inglaterra, pero desde 2010 reside en Argentina. Uno de los motivos de su arribo al sur del mundo es que su madre es de aquí, por lo que fue una visitante asidua de estas tierras antes de decidir plantar bandera. Tras radicarse definitivamente en Buenos Aires y caminar sus intersticios urbanos, su curiosidad la llevó a encontrar “joyas”, particularidades y secretos de su arquitectura, nutrirse de historias ocultas e indagar y sumergirse en la vorágine citadina desde una mirada mixta: ni la de una turista ni la de una local. Este anecdotario o mapeo creativo, cultural y proyectual porteño devino en su proyecto Creme de la Creme, que incluye desde la publicación de fotografías y de reseñas en las redes sociales hasta la organización de tours urbanos personalizados que fusionan arte, diseño, moda y cultura popular.

Con el fin de echar luz sobre aquello que pocos conocen, escribió para numerosos medios de habla inglesa, como Time Out, Wallpaper, The Independent, Monocle y Achitectural Review. En esta ocasión, participa de la sección Opinión Experta del Old&Newsletter de febrero para dar su visión acerca del diseño y la producción nacional.

–¿Cuál es su experiencia con el diseño?
–Me mudé a Argentina en el 2010 y arranqué con una pasantía de periodismo para la revista Time Out. Mi sueño siempre fue escribir para Wallpaper, y fue mi primera nota paga tras terminar la pasantía. A partir de entonces, empecé a trabajar como corresponsal para revistas importantes del mundo de lifestyle, diseño y arquitectura, como Monocle, Architectural Review, Dwell, etcétera, en las que me especialicé en estas disciplinas pero con el foco puesto en Argentina. También hago tours de interiorismo y diseño para extranjeros que buscan comprar diseño argentino para decorar sus casas en el exterior.

–¿Qué debe tener una pieza para ser considerada un buen diseño?
–No soy diseñadora, pero, como periodista crítica y también desde mi mirada personal, diría que lo más importante es que tenga algo que lo destaque entre otros, ya sea la originalidad de la pieza o su practicidad: lo importante es que logre un buen funcionamiento sin comprometer la estética y viceversa.

–¿Existe una identidad en el “diseño argentino”? ¿hay un solo “diseño argentino”?
–Creo que hay dos corrientes paralelas: el diseño hipermoderno, que sin tener necesariamente una impronta argentina busca posicionarse en el mundo o quiere presentar una alternativa a una estética internacional para un público local; y un diseño que se inspira en el legado artesanal argentino, incorporando técnicas y materiales autóctonos, pero que presenta una vuelta de tuerca contemporánea a su identidad innegablemente vernácula.

–¿En Argentina el diseño es valorado socialmente?
–El diseño en Argentina es un tema complicado. Desde mi punto de vista, y habiéndome radicado y elegido mudarme a Argentina desde Londres, veo una mirada puesta afuera, con la idea de que lo importado siempre garpa. Cuando no es eso, es un derivativo-copia que asemeja o replica alguna corriente o un estilo internacional. Abundan las malas copias de estilos que se masifican y se queman, como el escandinavo y el Mid Century, y sin embargo resisten el paso del tiempo. El producto nacional no siempre se valora.

–¿Cuál es la importancia de los archivos y de las colecciones patrimoniales de diseño?
–Los archivos y las colecciones patrimoniales son esenciales para fomentar y para generar conciencia de nuestro legado. Con todo mi trabajo, trato de correr el foco a lo que vivimos, de dónde venimos, y a la cultura rica e inigualable de este país. Tener archivos y documentación ayuda a periodistas y a historiadores a relatar y comunicar mejor sus mensajes.

–¿Por qué sería necesario resguardar la memoria del diseño?
–Resguardar la memoria del diseño reviste aun más importancia en este país, cuyo trasfondo socio-politico tan complejo y delicado atentó, durante mucho tiempo, contra la conciencia de preservar y de recordar. Publicar estos registros metódicos y cuidadosos también sirve de ejemplo para que otras organizaciones e institutos tomen las mismas actitudes.

–¿Qué condiciones debería tener una institución para hacerlo?
–En principio, seriedad para catalogar los elementos con coherencia y uniformidad. Además de esto, debe ofrecer un sistema de acceso rápido y fácil a los archivos.

­–¿Por qué en Argentina, a diferencia del resto del mundo, casi no existen espacios museísticos que le otorguen un lugar al diseño?
–Siento que, quizás, a nivel institucional no hay mucha atención puesta en la importancia del diseño autóctono. Eso impacta en las posibilidades de alcanzar exposición en espacios de esta índole y, claro, en el presupuesto que se destina para fomentar el diseño.

–¿Cuáles son los desafíos de la comunidad del diseño para el futuro?
–Creo que los aspectos presupuestarios y geográficos presentan problemas, así como el control de calidad. A veces, el diseño argentino está condicionado por el libre acceso o por los costos de los materiales importados, lo que tiene consecuencias inevitables al momento de diseñar un producto. Estos factores, sin duda, deberían ser tomados en cuenta, tanto para competir a nivel local como para exportar y entrar en carrera en el mercado internacional. Igual, también vale decir, estas “limitaciones” despiertan ocasionalmente una búsqueda interesante en el diseñador, quien genera piezas más originales e innovadoras a raíz de estas “trabas” surgidas en una primera instancia.