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Valdivia: «Las fronteras en los mapas no pueden atrapar el diseño; de hecho, este es previo al concepto de ‘país’. Puedo admirar las morfologías de un tejido wichí, pero eso estaba ahí antes de Argentina, y ya era diseño»

El cofundador del megaencuentro TRImarchi DG de Mar del Plata hace un recorrido sobre las implicancias del diseño, sobre sus evoluciones y sobre sus fronteras.

En el 2001, los todavía estudiantes Sebastián Valdivia y Pablo González crearon un evento de diseño gráfico adaptado a las nuevas maneras de pensar la profesión y a sus diversas expresiones. A través de cientos de conferencias con referentes nacionales e internacionales, actividades formativas y una notable convocatoria, se convirtió en uno de los encuentros interdisciplinarios especializados más importantes de Latinoamérica y hasta derivó en un club de ocio y estudio abierto todo el año.

En vísperas de su 19ª edición, que tendrá lugar del 1 al 3 de noviembre próximo, Valdivia responde las preguntas de la sección Opinión Experta del Old&Newsletter, donde problematiza conceptos como la identidad en el diseño argentino y se refiere a la valoración social del diseño, la importancia de las colecciones y los desafíos de cara al futuro.

–¿Cuál es su experiencia con el diseño?
–Siempre me ayudó bastante. Gracias a algún diseñador pude leer muchos de los libros que me formaron y me inspiraron. Otros me orientaron mediante mapas y señalizaciones para no perderme en más de una ocasión. El sistema de pentagramas y notas musicales me parece un diseño increíble, y pude oír cosas muy buenas gracias a él. La silla en la que estoy sentado, levemente acolchonada y de patas firmes que terminan en un apoyabrazos curvo, está facilitando que pueda explayarme en esta respuesta, ya que me transmite comodidad. Es innumerable la cantidad de veces en las que me acompañó, por lo que mi experiencia es grata.

–¿Qué debe tener una pieza para ser considerada un buen diseño?
–Bien resuelta su función, supongo. Igual siempre valoro cuando tiene un guiño emocional, que transparente algún atisbo de sensibilidad, pero eso ya es personal.

–¿Existe una identidad en el “diseño argentino”? ¿hay un solo “diseño argentino”?
–¿Hay un diseño mundial? Creo que las fronteras en los mapas no pueden atrapar el diseño. Sí, quizás, condicionarlo eventualmente, pero hoy es complejo alinear el diseño en una región. De hecho, el diseño es previo al concepto de “país”. Puedo admirar las morfologías de un tejido wichí, perdido en El Impenetrable formoseño, pero eso estaba ahí antes de Argentina, y ya era diseño. Sí existen tendencias globales, que en cada región repercuten de diferentes maneras; y problemáticas específicas, que generalmente requieren soluciones específicas.

–¿El diseño es valorado socialmente en Argentina?
–En la sociedad existe un orgullo por el diseño argentino. Desde chico, escucho abanderar "inventos argentinos", que no son más que diseños, como el del festejado Ladislao Biro. Con el tiempo hubo una apreciación general sobre el diseño y una comprensión de las ramas de acción de esta disciplina. Personas que nos supieron representar muy bien gracias a sus conceptos, acciones e ideas, hoy dejan ese halo de valoración social.

–¿Cuál es la importancia de los archivos y de las colecciones patrimoniales de diseño?
–Siendo un acumulador de diseño en varias de sus aristas, me es difícil no festejar estos archivos. Las colecciones ayudan a entender por comparación, contexto, cantidad, lecturas generacionales. Cada descubrimiento del coleccionista es una revelación para una gran comunidad nerd que aprecia este criterio de búsqueda. Necesitamos de diggers culturales (emoticono de nerd).

–¿Por qué sería necesario resguardar la memoria del diseño?
–El diseño es una huella del pensar. Cada conclusión o idea que devino en alguna pieza de diseño es un saber de la comunidad incorporado inconscientemente. Muchas de estas piezas tienen usos o razones de ser que quizás no tengan una función hoy, pero su resolución o el concepto que tienen detrás puede ser el disparador de futuras conclusiones o, incluso, ahorrar errores a quienes buscan hacer su propio camino.

–¿Qué condiciones debería tener una institución para hacerlo?
–El criterio, la delicadeza para su preservación, la facultad de comunicar sus contenidos y la conciencia social del impacto del acervo.

–¿Por qué en Argentina, a diferencia del resto del mundo, casi no existen espacios museísticos que le otorguen un lugar al diseño?
–Desconozco. Vi mucho y muy bueno disperso… ¿quizás ya es hora de nuclearlo?

–¿Cuáles son los desafíos de la comunidad del diseño para el futuro?
–El mismo desafío de siempre: estar atentos a las necesidades de la comunidad con la que dialogamos y no dar las cosas por resueltas, ya que en evolución continua vamos mutando en un entramado orgánico; y así nuestros usos y necesidades, hábitos, soluciones. Cambiarán los medios, las herramientas, como ya cambiaron tantas veces, pero creo que el desafío sigue yendo por ahí.