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Sauret: «En Argentina, aún falta ampliar la mirada sobre el diseño y pensar en vectores más abarcativos y transformadores, no solo tangibles sino también intangibles»

Beatriz Sauret, directora de Gestión de Diseño e Innovación Productiva del Ministerio de Producción y Trabajo de la Nación, analiza la importancia de articular los actores públicos, privados y académicos para mejorar la calidad y la competitividad de la producción nacional.

Diseñadora industrial por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y especializada en Desarrollo y Eficiencia productiva en Pymes (Japan International Cooperation Agency) y en Desarrollo Local y Economía Social (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), Beatriz Sauret lleva más de 15 años trabajando desde el Estado en la generación de estrategias para que las empresas accedan e incorporen innovación y diseño en sus procesos productivos. Durante su gestión, se crearon herramientas vitales para la puesta en valor de la disciplina y el fomento de los emprendimientos regionales, como el Sello de Buen Diseño argentino (SBD) –que en su octava edición lleva 1213 productos distinguidos– y el programa Pymes D –que financia, brinda asistencia técnica a las compañías y las vincula con profesionales para potenciar proyectos específicos–.

En el marco de las entrevistas que Fundación –I–D–A realiza para la sección "Opinión Experta" del Old&Newsletter, la también docente de grado y posgrado en instituciones como la UBA, la Universidad de San Andrés y la Fundación Banco Credicoop analizó las fortalezas y las debilidades del diseño en el país y planteó cuáles deberían ser los pasos a seguir para afianzar su presencia en el ámbito institucional y productivo.

–¿Cuál es su experiencia con el diseño?
–Mi vínculo con el diseño es múltiple y amplio y mis especializaciones fueron más cercanas al desarrollo industrial y a su impacto social que al producto propiamente dicho. Me dedico a la gestión de diseño desde hace más de 13 años, articulando políticas públicas con el entramado productivo. También y en forma constante, me he desenvuelto en ámbitos formativos buscando un triple impacto: público, privado y académico. He colaborado en planes de desarrollo y promoción sectoriales, municipales, internacionales, con asistencias técnicas a unidades productivas individuales, y en la construcción de políticas públicas con impacto nacional. En todos los casos, la pasión por el desarrollo y la construcción de valor genuino fueron los motores que me llevaron a un compromiso profesional y personal. Creo que la vinculación del diseño con otros actores y disciplinas es un eslabón ineludible para una transformación productiva eficaz y dinámica en un entramado industrial complejo.

–¿Qué debe tener una pieza para ser considerada un buen diseño?
–Un buen diseño, desde mi perspectiva, es un diseño coherente. Un diseño que interpreta e interpela las posibilidades tecnológicas, su inserción comercial y las necesidades de las personas, que es consciente de los recursos utilizados, que piensa su fin de vida, que trabaja desde un aporte de sostenibilidad, etcétera. Es decir: es un sistema complejo que responde a una estrategia con buen impacto social, económico, ambiental.

–¿Existe una identidad en el “diseño argentino”? ¿hay un solo “diseño argentino”?
–No considero que exista un solo diseño argentino... y tampoco creo que definirlo sea una emergencia. Sí creo en una progresión, en un estudio de lo que sucede, en una observación constante, para lo cual es indispensable el relevamiento y el acervo.

–¿El diseño es valorado socialmente en Argentina?
–En Argentina aún falta tener una mirada más amplia sobre el diseño que incluya vectores más abarcativos y transformadores, tanto tangibles como intangibles. También creo que falta muchísima difusión acerca de las gestiones estratégicas que actualmente se hacen, que transforman propuestas de valor de las compañías y que consiguen penetrar en mercados externos. Desde la política pública, hoy nuestra meta es lograr una demanda de servicios de diseño que exija acciones por parte de los productores en la construcción de valor y, por el otro lado, que esos servicios de diseño logren dar respuestas coherentes a las demandas (que ese equilibrio sea una constante).

–¿Cuál es la importancia de los archivos y las colecciones patrimoniales de diseño?
–Es muy importante poder leer y trazar la historia: tiene que ver con ser conscientes de que hay algo previo y que habrá algo que nos suceda. Por eso mismo, creo que es indispensable estudiar nuestra propia historia material y compararla con otros movimientos mundiales. Es imposible, en todo sentido, pensar el futuro sin comprender el pasado.

–¿Qué condiciones debería tener una institución para hacerlo?
–Debe ser altamente profesionalizada, con mucha rigurosidad en el hacer, y tener una mirada amplia. Asimismo, deberá tener la capacidad de conformar una red que llegue a la mayor cantidad de lugares para que el recorte histórico sea lo más rico posible. Desde mi espacio, creo que el trabajo de Fundación –I–D–A no solo es inédito sino que es imprescindible, por lo que debemos converger nuestros esfuerzos en enriquecer el acervo.

–¿Por qué en Argentina, a diferencia del resto del mundo, casi no existen espacios museísticos que le otorguen un lugar al diseño?
–Porque aún no logramos darle a la disciplina el peso que merece y porque no logramos ser lo suficientemente corporativos. Los diseñadores debemos lograr más y mejores alianzas para conformar redes que nos den trascendencia y peso a largo plazo, articulando y generando densidad institucional.

–¿Cuáles son los desafíos de la comunidad del diseño para el futuro?
–Trabajar en el marco de una red que genere sinergias, que dé corporativismo, que permita visibilizar los años que ya tiene de crecimiento todo lo realizado y que planifique aquellos caminos que faltan recorrer. Es indispensable tomar conciencia de que no tenemos que empezar siempre desde el punto cero, que hay trayectos virtuosos de los cuales generar aprendizaje para, así, dar paso a una siguiente meta de crecimiento.