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Oropel: «Fundación IDA hoy ocupa un espacio que antes estaba vacante y que se convertirá, seguramente, en el Museo del Diseño Argentino en un futuro cercano»

El arquitecto, diseñador y gestor Julio Oropel expone la relevancia de concebir el diseño de manera integral y plantea los desafíos que tiene la disciplina de cara al futuro.

Julio Oropel, nacido en Córdoba y radicado actualmente en Buenos Aires, tiene una extensa trayectoria en el ámbito del diseño de equipamiento y de interiores. Es arquitecto por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y está especializado en Preservación de patrimonio (UBA), Diseño y comunicación (UBA), Diseño estratégico (UBA) y Estructuras especiales (UBA). Participó de exposiciones en Buenos Aires, Montevideo, Frankfurt, Londres, París, Praga, Ámsterdam, Tokio y Seúl, entre otras ciudades, y recibió distinciones como el Premio a la Innovación permanente de DArA (2005), al Mejor diseño de mobiliario de la Feria PuroDiseño (2007), a la Excelencia profesional ARQ del diario Clarín (2016, 2017 y 2018) y la Medalla de Oro de Casa FOA (2012 y 2016).

En el marco de las entrevistas que Fundación –I–D–A realiza para la sección "Opinión Experta" del Old&Newsletter, el también profesor del posgrado en Diseño del Espacio Interior de la FADU-UBA y expresidente de DArA (Diseñadores de Interiores Argentinos Asociados) reflexiona sobre la situación actual del diseño y analiza sus potencialidades y sus retos.

–¿Cuál es su experiencia con el diseño?
–Me defino como arquitecto y diseñador y, desde allí, mi aproximación y pasión por el diseño. La escala de mi trabajo es siempre fluctuante y mis trabajos preferidos son aquellos donde cumplo todas las etapas y los procesos de un hecho arquitectónico y creativo. La concepción espacial del volumen contenedor y la definición de materiales y de otras variables responden siempre a la idea que regirá en ese espacio interior contenido y que se manifiestará a través de sus objetos. Unidad conceptual y espacial es la respuesta que uno debe dar desde el diseño. Diseñar estos elementos de equipamiento que complementarán el espacio es, para mí, un bonus que me genera un enorme placer.

–¿Qué debe tener una pieza para ser considerada un buen diseño?
–Hace poco leí una nota que hacía referencia a un objeto de diseño como “el sueño de la eternidad... hecho para durar”, y creo que definía perfectamente lo que implica un buen diseño. Además, claro, de ese secreto intangible que logra que una misma pieza sea aceptada por un público heterogéneo –no siempre formado– y que este la encuentre, además de funcional, bella.
Tal vez esas son las dos condiciones que, cuando logran el máximo de excelencia, hacen de un objeto un ícono que sobrepasa las barreras del tiempo y del espacio para alcanzar una categoría única.
Características como la sustentabilidad y la simplicidad –es decir, que cumpla su función de la mejor forma posible con la menor cantidad de elementos– también son, hoy en día, fundamentales para un buen diseño. El adaptarse a los requisitos de la época implica, naturalmente, pensar en el usuario y respetar las distintas formas de vivir.

–¿Existe una identidad en el “diseño argentino”? ¿hay un solo “diseño argentino”?
–No lo creo. A través de nuestra historia, podemos ver intentos aislados o diseños que nos representan como el sillón BKF, un ícono que integra la colección del MoMA neoyorquino y que fue desarrollado en 1937 por Bonet, Kurchan y Ferrari Hardoy. También hay diseñadores como Jorge Pensi, que triunfaron en el exterior y ayudaron a que Argentina pudiera “sonar” en el diseño.
De todas maneras, lo cierto es que nuestro sello se circunscribe la mayoría de las veces al uso de materiales como el cuero, asociado a la agroindustria. La modernidad ha borrado todo vestigio de asociaciones estéticas regionales. Precisamente, rescatar y reformular los elementos de nuestro acervo pasado, sin renegar de él, quizás nos ayude a encontrar una identidad en el diseño.

–¿En Argentina el diseño es valorado socialmente?
–La implicancia social del diseño comienza, incipientemente, a tener relevancia en nuestra sociedad. Aquí aún son novedosos algunos conceptos que culturas más avanzadas ya tienen incorporados hace tiempo a la hora de adquirir un producto, como su procedencia, su forma de producción, el consumo de energía que implica, si su confección ayudó a determinado grupo social, etcétera.

–¿Cuál es la importancia de los archivos y las colecciones patrimoniales de diseño?
–Cada vez es más importante. Hace a la identidad de nuestra cultura y permite mantener vigente para las generaciones futuras el hacer de nuestro país y de su gente.

–¿Por qué sería necesario resguardar la memoria del diseño?
–Los museos de diseño de Londres y de Nueva York, en continuo crecimiento, son dos espacios que visito y admiro. Mantener y resguardar la memoria del diseño implica respetarnos y respetar a nuestro prójimo. El diseño expresa y manifiesta las características y la idiosincrasia de una sociedad y de una época. Recuerdo el impacto de mi primera visita a Fundación IDA, cuando comprobé el cuidado y el amor con el que se conservaban los planos y los detalles de las obras de los grandes diseñadores de nuestro país, como Celina Arauz de Pirovano o Wladimiro Acosta.

–¿Qué condiciones debería tener una institución para hacerlo?
–Es lamentable ver instituciones muchas veces dirigidas por personas no formadas o sin idoneidad en el tema. Una espacio dedicado a la conservación de un acervo cultural debe tener, fundamentalmente, especialistas e investigadores adecuados, seriedad y, sobre todo, amor por la tarea.

–¿Por qué en Argentina, a diferencia del resto del mundo, casi no existen espacios museísticos que le otorguen un lugar al diseño?
–La causa es siempre la misma: la variable económica. Celebro que IDA haya sorteado obstáculos y logrado formar, con el gran desempeño y pasión de sus directores, este archivo ejemplar que custodia e incrementa constantemente. Fundación IDA hoy ocupa un espacio que antes estaba vacante y que se convertirá, seguramente, en el Museo de Diseño Argentino en un futuro cercano.

–¿Cuáles son los desafíos de la comunidad del diseño para el futuro?
–Parte de nuestro desafío es mirarnos más, no imitar ni transpolar tendencias de afuera y ser, cada día, más originales. Para definir el futuro debemos seguir buscando nuestra identidad, tomar en cuenta nuestras raíces y (re)conocer nuestro pasado.