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Devalle: «La capacitación profesional respecto del cambio climático es una necesidad impostergable, mucho más sabiendo que la producción de piezas no está exenta de un impacto medioambiental»

La socióloga, docente e investigadora en diseño Verónica Devalle problematiza la noción de “identidad” en la cultura material, evalúa la importancia de la perspectiva histórica y enumera los desafíos de la disciplina de cara al futuro.

Verónica Devalle es licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA), pero su destino la fue llevando cada vez más al ámbito del arte y del diseño. Magíster en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural por la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y doctora en Teoría e Historia de las Artes por la UBA, actualmente es docente titular de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo y dirige los proyectos UBACyT de la misma institución, cuyos tópicos apuntan 
a la reflexión crítica del arte, el diseño y la cultura visual contemporánea.

En esta oportunidad, la también autora de La travesía de la forma. Emergencia y consolidación del Diseño Gráfico (1948-1984) (Buenos Aires, Paidós, 2009) y compiladora de Visualidades sin fin. Imagen y diseño en la sociedad global (Buenos Aires, Prometeo, 2009) participa de la sección Opinión Experta del Old&Newsletter y reflexiona acerca de los retos que tiene el diseño a nivel profesional y formativo.

–¿Cuál es su experiencia con el diseño?
–Llegué al diseño de pura casualidad y nunca más me fui. Empecé como ayudante estudiante en la materia Comunicación de la cátedra Arfuch, en la carrera de Diseño Gráfico de la UBA. Al poco tiempo, estaba postulándome para el sistema de las antiguas becas de iniciación a la investigación y fui la primera becaria de investigación en diseño de la UBA. Ese fue el primer empujón para luego armar sucesivos proyectos de investigación grupales (UBACyT) y desarrollar una línea de investigación sobre la conformación de las disciplinas del diseño en Argentina y sus modos de profesionalización.

–¿Qué debe tener una pieza para ser considerada un buen diseño?
–Entiendo que en la valoración de “buen diseño” deben prevalecer los parámetros que indica la propia disciplina: en primer lugar, la existencia de un programa de diseño. Pero, también, es necesario poner en crisis el concepto de buen diseño y preguntarse si tiene validez universal, como cuando fue instituido en los años 50, si es o no posible definirlo por fuera de coordenadas espacio-temporales, por fuera de lógicas sociales de factura histórica, por fuera y al margen de las fuerzas gravitacionales de la sociedad.

–¿Existe una identidad en el “diseño argentino”? ¿hay un solo “diseño argentino”?
–Tantas identidades como identidades de lo argentino existan. Es un error caer en el esencialismo identitario y ver prácticas como el diseño respondiendo a una esencia de la condición argentina. Con la misma lógica, podríamos preguntarnos: ¿en qué consiste la arquitectura argentina? ¿es la de la colonia? ¿la de la Revolución de Mayo? ¿es quizás la del rosismo? ¿o la de la creación de la República? ¿es la arquitectura italiana y francesa que hace maravillar al turista que visita la ciudad de Buenos Aires? ¿O la increíble arquitectura colonial de Salta y de Córdoba? No hay una respuesta porque responder a esto conlleva definir como una etiqueta la condición de “lo argentino”; y, al hacerlo, dejamos a la mayoría de los argentinos y las argentinas afuera, como así también la mayoría del diseño producido en el país o por sus habitantes que esté fuera de esa condición.

–¿En Argentina el diseño es valorado socialmente? ¿y la investigación en diseño en el ámbito académico?
–Creo que está siendo valorado. El rol de las universidades en instalar y consolidar una identidad de la disciplina ha sido fundamental. La investigación en el ámbito académico tiene tiempos más largos, poco a poco la hemos ido consolidando. Pero hace falta mucho, todavía. La creación de institutos como el Centro del Conocimiento Tomás Maldonado, dependiente de la Secretaría de Ciencia y Tecnología e Innovación Productiva de la Nación; el Centro de Investigaciones Proyectuales y Acciones de Diseño Industrial (CIPADI), de la Universidad Nacional de Mar del Plata; el Laboratorio de Investigación en Diseño (+ID Lab) o la Sección Estética del Instituto de Arte Americano (IAA), de la FADU-UBA, entre tantos otros, son una prueba de esta trayectoria.

–¿Cuál es la importancia de los archivos y las colecciones patrimoniales de diseño?
–Para la disciplina, es fundamental. Con los archivos se logra reconocer una genealogía disciplinaria y con el acervo se desarrolla una mirada crítica y analítica sobre el diseño. Y, para quienes trabajamos con perspectiva histórica, los archivos y las colecciones patrimoniales son nuestra fuente de trabajo.

–¿Por qué sería necesario resguardar la memoria del diseño?
Por lo dicho en la respuesta anterior.

–¿Qué condiciones debería tener una institución para hacerlo?
–Muchas condiciones: tener la infraestructura adecuada, los recursos necesarios, contar con profesionales a cargo que sepan de gestión cultural. Como aspecto central, que sea de acceso libre, sin aranceles que condicionen la investigación y la docencia solo a quienes posean subsidios o recursos copiosos para costear una suscripción. Esta petición se refuerza si consideramos las condiciones en las cuales se producen investigaciones en nuestro país. En el caso del diseño, creo que la universalidad y la gratuidad en el acceso garantizaría seguir construyendo su puesta en valor y su legado.

–¿Por qué en Argentina, a diferencia del resto del mundo, casi no existen espacios museísticos que le otorguen un lugar al diseño?
–Porque todavía es necesario que la sociedad argentina conozca la importancia que tiene el diseño, tanto como su enorme y riquísima historia en el país. Cuando tomemos conciencia, eso surgirá casi como consecuencia directa.

–¿Cuáles son los desafíos de la comunidad del diseño para el futuro?
–Muchos, pero creo que los más apremiantes son trabajar para que el diseño se transforme en una cuestión de relevancia a nivel estatal, en el país y en las provincias.
Y una necesidad impostergable es la formación en grado y la capacitación profesional respecto del cambio climático. Esto es urgente, urgentísimo, mucho más sabiendo que la producción de piezas no está exenta de un impacto medioambiental.